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Durante los últimos años la palabra metaverso ha pasado por un ciclo muy particular. Primero llegó una fase de entusiasmo masivo, impulsada por grandes tecnológicas y por la promesa de una nueva internet tridimensional. Después llegó el escepticismo: muchos medios comenzaron a presentar el metaverso como una moda pasajera o como una visión demasiado futurista para la realidad tecnológica actual.
Sin embargo, mientras el término desaparecía progresivamente de titulares y presentaciones corporativas, algo curioso empezó a ocurrir dentro de las empresas. Las mismas tecnologías que estaban asociadas al metaverso, realidad virtual, entornos 3D interactivos, gemelos digitales o simulaciones inmersivas, comenzaron a adoptarse de forma cada vez más amplia en sectores industriales, energéticos, logísticos y formativos.
El metaverso no desapareció. Simplemente dejó de llamarse así.
Cuando la palabra se volvió incómoda
El término metaverso se popularizó globalmente a partir de 2021, especialmente después de que grandes compañías tecnológicas anunciaran inversiones multimillonarias en mundos virtuales y plataformas sociales inmersivas. Durante meses parecía inevitable que el futuro de internet se desarrollaría dentro de espacios tridimensionales persistentes.
Pero la narrativa pública pronto empezó a cambiar. La tecnología todavía tenía limitaciones, los dispositivos de realidad virtual seguían siendo relativamente nicho y muchos proyectos que prometían universos digitales masivos no lograron despegar como se esperaba.
A partir de 2023 y 2024 muchas empresas comenzaron a evitar el término en sus comunicaciones. En su lugar aparecieron conceptos como computación espacial, realidad extendida, gemelos digitales o simplemente simulación 3D. El cambio era principalmente semántico, pero tuvo un efecto claro: el metaverso dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta tecnológica más.
Diversos análisis publicados por medios especializados como MIT Technology Review han señalado precisamente esta evolución en el discurso tecnológico, donde el interés por los mundos virtuales continúa creciendo pero bajo nuevos términos y enfoques más pragmáticos.
Paradójicamente, fue en ese momento cuando empezó su adopción real.
De la promesa a la herramienta industrial
El verdadero crecimiento de las tecnologías inmersivas está ocurriendo lejos de los titulares mediáticos. En lugar de plataformas sociales virtuales o mundos digitales masivos, el desarrollo se está produciendo dentro de empresas que utilizan estos entornos para resolver problemas concretos.
En sectores como la energía, la manufactura o la logística, los mundos virtuales están siendo utilizados para simular operaciones complejas, entrenar a trabajadores o visualizar infraestructuras antes de su construcción. La realidad virtual permite recrear entornos industriales con un nivel de detalle cada vez mayor, lo que facilita la formación de empleados sin necesidad de detener procesos productivos reales.
Diversos estudios apuntan a que esta adopción empresarial continuará creciendo de forma significativa en los próximos años. Un informe de McKinsey sobre el valor económico del metaverso señala que las tecnologías inmersivas podrían generar billones de dólares en valor para la economía global durante la próxima década, especialmente en ámbitos como la formación, la colaboración remota o la simulación industrial.
Este tipo de aplicaciones tiene ventajas evidentes. Permite reducir costes de formación, mejorar la seguridad laboral y experimentar con situaciones que serían imposibles o demasiado peligrosas en el mundo físico. Por esa razón, muchas compañías están incorporando soluciones inmersivas dentro de sus programas de capacitación y planificación.
Lo interesante es que, en la mayoría de los casos, nadie dentro de estas empresas habla ya de metaverso. Se habla de simulación, de formación digital o de visualización avanzada. Pero en esencia se trata exactamente de lo mismo: entornos virtuales donde las personas interactúan, aprenden y toman decisiones.
Los gemelos digitales y el nuevo lenguaje de la industria
Uno de los conceptos que ha ganado más protagonismo en los últimos años es el de digital twin o gemelo digital. Se trata de una representación virtual de una infraestructura física; una fábrica, una planta energética o incluso una ciudad, que permite monitorizar y analizar su funcionamiento en tiempo real.
Estos sistemas combinan datos procedentes de sensores, modelos 3D y herramientas de simulación para crear una réplica digital del mundo físico. En algunos casos incluso permiten realizar simulaciones predictivas para anticipar fallos o optimizar procesos.
Aunque el término metaverso rara vez aparece en estas conversaciones, el principio es muy similar: crear espacios digitales persistentes donde los usuarios pueden interactuar con información compleja de forma espacial e intuitiva.
En cierto modo, el metaverso empresarial se está construyendo desde la ingeniería y no desde el entretenimiento.
Formación inmersiva: uno de los usos que más crece
Otro ámbito donde la adopción está creciendo rápidamente es el de la formación profesional. Empresas de sectores industriales están utilizando realidad virtual para entrenar a trabajadores en procedimientos técnicos o situaciones de riesgo.
La ventaja de este enfoque es clara. Los empleados pueden practicar operaciones complejas en un entorno seguro antes de enfrentarse a la maquinaria real. Desde el mantenimiento de turbinas eólicas hasta la manipulación de equipos eléctricos o la gestión de emergencias, la simulación inmersiva permite repetir escenarios tantas veces como sea necesario.
Además, las plataformas de formación inmersiva suelen incluir sistemas de análisis que registran el comportamiento del usuario, permitiendo evaluar el rendimiento y detectar áreas de mejora.
De hecho, un estudio de PwC sobre aprendizaje inmersivo concluye que los empleados formados mediante realidad virtual pueden aprender hasta cuatro veces más rápido que con métodos tradicionales, además de mostrar mayores niveles de confianza al aplicar los conocimientos adquiridos.
Este tipo de aplicaciones representa una de las áreas con mayor crecimiento dentro del ecosistema de realidad virtual empresarial.
El metaverso que nunca veremos
Cuando el concepto de metaverso empezó a popularizarse, muchas personas imaginaban un universo digital global donde millones de usuarios interactuarían mediante avatares. Esa visión todavía podría materializarse en el futuro, pero el desarrollo actual está siguiendo un camino mucho más pragmático.
En lugar de un único metaverso global, lo que está emergiendo es una constelación de mundos virtuales especializados. Espacios digitales diseñados para resolver problemas concretos dentro de industrias específicas.
Estos entornos no son públicos ni sociales. Muchas veces ni siquiera son visibles fuera de las empresas que los utilizan. Pero están creciendo silenciosamente y formando parte de la infraestructura tecnológica de múltiples sectores.
Es posible que el verdadero metaverso no se parezca demasiado a las visiones futuristas que dominaron la conversación hace unos años.
Un cambio de narrativa, no de tecnología
Lo que estamos presenciando no es el fracaso del metaverso, sino un cambio en la narrativa que lo rodea. Las tecnologías inmersivas siguen avanzando, pero ahora lo hacen desde una lógica más práctica y menos especulativa.
Las empresas han dejado de hablar de revoluciones digitales y han empezado a centrarse en aplicaciones concretas: mejorar la formación, optimizar procesos, visualizar datos complejos o simular infraestructuras antes de construirlas.
En ese contexto, el metaverso se está transformando en algo menos espectacular pero probablemente más relevante. Una capa tecnológica que conecta el mundo físico con espacios digitales interactivos.
Quizá dentro de algunos años el término vuelva a ponerse de moda. Pero cuando eso ocurra, es muy probable que el metaverso ya lleve mucho tiempo funcionando, silenciosamente, dentro de fábricas, centros de formación y laboratorios de ingeniería en todo el mundo.